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Aplicación Educativa Junta CyL
Los Caminos a Santiago en CyL

 

Apóstol Santiago:
Peregrinando hasta ti, llegamos hasta tu tumba en esta mañana, los ciento sesenta peregrinos del  Colegio San Juan de la Cruz de los PP.  Carmelitas Descalzos de León.

Durante este presente curso escolar, nuestro objetivo como comunidad educativa está siendo Santiago´s way: caminante sí hay camino. Con dicho objetivo hemos querido tener muy presente, en nuestra labor educativa pastoral, el Camino de Santiago como camino de fe, de cultura y de crecimiento personal.
En cinco etapas del Camino, repartidas por todo nuestro curso escolar, hemos  recorriendo más de cien kilómetros andando. Ha sido una experiencia de comunión y fraternidad única en nuestra historia como colegio.  Por eso damos gracias a Dios junto a ti, apóstol Santiago.

En esta mañana, convocados bajo la presencia de Dios en el altar de la eucaristía:
- Te pedimos por nuestra comunidad educativa, para que en ella reine la fraternidad, la paz y el respeto mutuo.
- Te presentamos nuestras familias para que nos alcances de Dios  el amor, la unidad y la alegría que emana de la fe, y, para que siempre gocemos de salud y del sustento diario.
- Te nombramos a  nuestros alumnos con el fin de que descubran a Dios presente en su vida, crezcan valorando el esfuerzo llegando a ser buenas personas en todas las circunstancias de la vida.
Finalmente, te pedimos que, el camino realizado durante este curso escolar, nos enseñe a experimentar el amor de Dios en nuestros corazones para poder ser testigos de Dios en nuestra  vida de cada día.

Santiago's Way 2009/2010

Camino de Santiago - 5 ª Etapa: Pedrouzo - Santiago

 

A las once de la mañana, más o menos, alcanzamos Pedrouzo, el comienzo de nuestra última etapa. Por delante un poco más de veinte kilómetros nos separaban de la tumba del apóstol.

 Llegábamos cansados del viaje, los ciento sesenta peregrinos de nuestro Colegio. Atrás quedaron, sin casi, las cuatro horas de viaje, los desvelos del trayecto, los dolores de Sara y los mimines dados por su madre y, aunque el trayecto fue lluvioso, no perdimos la esperanza al ver que, en Pedrouzo, parecía levantar la mañana. Alguien cantó aquel clásico de “un rayo de sol, oh, oh…”. Y nos pusimos a patear, con la ilusión de contemplar las torres de la catedral de Santiago de Compostela.

Aunque la temperatura era buena y el rayo de sol nos duró apenas un kilómetro, avanzamos con paso firme y decidido hacia el Monte Do Gozo. En seguida hubo que sacar gorros, chubasqueros y buen humor porque Galicia no nos recibió con “huevo frito” como habían anunciado algunos telediarios, sino más bien con su cara más conocida. Pero ¿ quién dijo miedo? ¡ Caminante sí hay camino!

Agua, agua y más agua. Unas veces más suave y otras más fuerte. Nunca habíamos pisado tanto chocolate seguido. Más de uno miraba al cielo pidiendo clemencia…pero se ve que lo estaba previsto, tenía que seguir su ritmo.

Eso no quitó la belleza de la etapa. Los bosques de eucalipto nos sirvieron de bálsamo al respirar y la amplia tonalidad del verde del paisaje recreaba nuestra vista. Más de uno hubiera querido tener el autobús cerca pero con buen humor, con mucho ánimo y voluntad llegamos al Monte Do Gozo. Atrás quedaron los bosques y espesuras (que cantaba san Juan de la Cruz),  las balizas del aeropuerto de Santiago, San Paio y Lavacolla (donde nos dieron el orujo que alguno tomaría con el café más tarde), las instalaciones de la TV de Galicia y las de RTVE, los regueros del Camino y la foto en lo alto del Monte Do Gozo donde ya se podía contemplar la catedral del apóstol casi a nuestros pies.

Comimos en el comedor del Centro de Peregrinaciones Juan Pablo II. Pudimos cambiarnos un poco de ropa y tomar el café. Todo fue rápido porque el “pastor” del “rebaño” se empeñó en arrancar a las tres y media. Se ve que quería aprovechar la tregua de secano que nos acompañó media hora escasa mientras nos adentrábamos en Santiago.

Encabezados por la bandera de León con palo grueso y fuerte, bajamos el Monte Do Gozo en verdadero pelotón. Y entramos en Santiago. Los edificios no nos dejaban ver las torres de la catedral pero sí contemplar las piedras de las casas y las callejuelas, el mercadillo y la fiesta local de la primavera (¡ quién lo diría!) con la que nos recibía la ciudad del Apóstol.

Con lluvia llegamos a la Plaza del Obradoiro. Y por qué no decirlo…también ¡con emoción! A los pies de la gran fachada barroca de la catedral nos felicitamos por la llegada, nos abrazamos con la ilusión de los niños y nos dijimos: ha merecido la pena. Se nos olvidó un poco a todos la mojadura que traíamos con nosotros para hacernos la foto de grupo (aunque faltaban muchos en ella)  y retomamos, con pie enjuto, el camino a nuestra casita por un día.

Al llegar al Hostal La Salle, llegaban los autobuses y, en ellos, los que no pudieron más. Tomamos las maletas y comenzamos a cantar los números como los niños de san Ildefonso…unos para la zona A, otros para la B y otros para la C. El traquetear de maletas perturbó la paz de aquel hostal pero no la paciencia de aquella gallega simpática que nos acogió estupendamente.
Hubo tiempo libre, cada uno se organizó como pudo y supo. Eso sí todos gozamos de la ducha caliente, del poder cambiarnos de ropa y secarnos después de la jornada. ¡Más parecía que habíamos estado bañándonos en las Rías baixas o altas que andando por el Camino hacia Santiago!. 

Aunque la tarde no se presentaba agradable para salir, fuimos abandonando el hotel buscando una cena más tranquila y sosegada para equilibrar la rapidez de la comida. Ya renovados y puestos de gala nos fuimos a quemar la noche de Santiago resignados por aquello de ir, constantemente,  con el brazo en alza sujetando el paraguas.

Sobre las diez de la mañana del domingo, amanecíamos en el comedor del Hostal todos ya uniformados con nuestro forro quechua-sanjuanista. Cargamos pilas desayunando y fuimos buscando la cola de la catedral perdiéndonos por las calles de la ciudad buscando la tarta, el regalito, el recuerdo para los nuestros…

La picaresca a algunos les ahorró la cola al entrar por la tienda de regalos,  los más –la mayoría- guardamos la cola ondeando la bandera de nuestro reino de León y haciéndonos fotos y tomándonos las cosas con buen humor. En cuanto abrieron la puerta, el alboroto fue tremendo y pudimos acceder al templo para tomar posiciones y participar de la eucaristía.

Después del evangelio, el P. Ricardo saludó al apóstol en nombre de todos y ahí la emoción y la alegría nos embargó al presentar nuestra vidas, nuestro colegio y nuestras familias ante Dios por intercesión de Santiago. Prosiguió la misa y llegó el momento del botafumerio como acción de gracias final. Daba gusto ver la cara de los que, por primera vez, contemplaban aquel ir y venir y volar del botafumerio santiaguero.

Tras la misa, la mesa. Tras la mística, la mastica. Un poco hubo que esperar por el pollo y es que, se ve, faltaba de pelar alguno para dar de comer a tanto necesitado. Bien comimos. En la sobremesa se nos repartió la casi Compostelana, nuestro diploma, preparada desde la Oficina del Peregrino para cada uno de nosotros.

Retomamos el traquetear de maletas y a los autobuses, ya de vuelta y con la lluvia como infatigable compañera. Tuvimos parada en mitad de trayecto para estirar las piernas y secarnos un poco al sol. Y de ahí a casa, cerca de las nueve de la noche regresamos a  León, dando por terminada nuestra aventura.

¡Gracias a todos, peregrinos del Colegio San Juan de la Cruz, porque durante estas cinco etapas por el Camino de Santiago, habéis dado lo mejor de vosotros mismos!. Podemos decir que después de esto, somos todos un poco más amigos.

Gracias a quien soñó con poner a toda la comunidad educativa en camino y a aquel otro que, tras una reunión del Consejo escolar, sugirió la forma de hacerlo. Los demás no hemos hecho más que dar forma al sueño.

Gracias a todos los que habéis hecho posible esta experiencia hermosa que hemos tenido durante este curso escolar: a los participantes, a los que han ayudado, a los que habéis sostenido y escuchado a quien llevaba la voz cantante,  a los que habéis animado a seguir…sin vosotros nuestro Camino no habría sido lo mismo.

Y también…pedir vuestro perdón por si algo no ha salido como todos hubiéramos deseado.

¡ Qué el apóstol Santiago nos alcance de Dios lo que más necesitemos y que lo aprendido y contemplado por el Camino, lo llevemos a la vida! Ese va a ser nuestro mejor viaje de vuelta y nos toca hacerlo a cada uno. ¡ Bo Camiño, peregrinos!

Camino de Santiago - 4 ª Etapa: Sarria - Portomarín

 

Amaneció pronto para los peregrinos a Santiago de nuestra cuarta etapa, ya que a las siete de la mañana estábamos convocados para arrancar. Largo fue el viaje hasta Sarria, casi tres horas de trayecto interminables.

En el viaje muchos aprovecharon para echar una cabezadita, otros para charlar pero todos no dejábamos de contemplar el cielo para ver qué nos iba a deparar la jornada.

Y ¡eureka! Suerte tuvimos. La mañana se presentaba con más sol que nubes, buena temperatura para caminar aunque la brisa fresca nos abrazaba por el Camino.

Comenzamos sellando nuestras credenciales en la Casa del Concello de Sarria, tomamos el café y ¡a caminar!, encabezados por Berci y su bandera de León, que marcaba nuestra identidad y nuestras raíces, por lo menos las de la mayoría.

Desde lo alto de Sarria contemplamos la magnitud de la villa, el mercadillo del sábado (algunas tuvieron tentación de entrar) y el monasterio de la Magdalena que nos lanzaba hacia el hondón del valle.

Tras cruzar el puente medieval, caminamos los primeros kilómetros por un bosque magnífico, repleto de castaños y de gran vegetación; cruzamos el único paso a nivel del Camino y subimos a lo alto para contemplar las primeras praderas verdes, las perdidas aldeas gallegas y el sol que se abría por las nubes de la mañana. Paso firme y decidido, ¡ teníamos ya “mono” del Camino! y, después de las tres horas de bus, deseosos estábamos de estirar las piernas.

Alguien dijo que la etapa era “light”, más con deseos de  animar que con conocimiento certero de los casi 23 kilómetros que nos esperaban. Pero la valentía y las ganas de llegar a Portomarín hacían de nosotros expertos peregrinos.

As Paredes, Barbadelo, Rente, Mercado da Serra, Leiman, Peruscano…un sinfín de aldeas, concellos y parroquias, sin cartel ni nombre, difíciles de descifrar, nos daban la bienvenida en nuestro peregrinar. Pudimos apreciar los primeros hórreos, tan típicos de Galicia;  los rebaños de hermosas vacas que asustaron a un buen grupo en una curva del Camino;  la Guardia Civil a caballo que nos transportó a tiempos pasados;  las sendas de piedra que evitaban mojar nuestros pies cuando el agua se había apoderado del Camino; la ilusión al encontrarnos con el mojón del kilómetro 100; las bellas construcciones de piedra, granito, pizarra… y, sobre todo, el verde primaveral de prados, montes y riberas que recreaban nuestra mirada. En fin, un espectáculo único, una etapa preciosa, vedada a quien eligiese otro medio casi que el pedestre…¡qué se lo digan a Mª Carmen que ni el GPS la orientaba en nuestra búsqueda!

Ferreiros nos brindo la parada y el pequeño descanso cuando apenas quedaban los diez últimos kilómetros. Desde Vilachá comenzábamos a divisar la meta. Nada sospechábamos desde arriba, de la sinuosa y fugaz bajada que nos esperaba. Pero allá nos lanzábamos, cuando apenas quedaban fuerzas. Nuestros finales siempre se hacen eternos.

El puente sobre el embalse del río Miño nos alcanzó el reconstruido Portomarín. La escalinata de llegada del antiguo puente romano,  con su arco de entrada a la villa, nos hizo sentir el triunfo cuan caballeros medievales tras la gesta heroica de la jornada. ¡ Bonita vista desde ahí!

Y tras la llegada, el esperar a los autobuses, el cambiarnos de ropa y, sobre todo, el beber y el comer, buscando la mejor silla y rincón.

Las cinco dieron en seguida. Y comenzó la eucaristía en la iglesia parroquial de san Nicolás. Sin micrófonos ni luz, casi como en tiempos “del tío de la vara”, celebramos el inicio de la Semana Santa con los ramos de laurel que alguien arrancó de su árbol. Faltó la borriquilla (intento fallido hubo) para hacer de aquella víspera de domingo de ramos, una actualización completa del misterio de fe que quisimos  celebrar.

Tras la eucaristía, la foto en la entrada del pueblo, todos bien sentados en la escalera, y la pereza de volver a casa, más por las horas que nos quedaban de viaje que por la deseaba ducha y el reparador descanso.

A las nueve de la noche regresábamos a la línea de salida, felices, contentos por el día tenido y dando gracias a Dios por todo lo vivido.

Camino de Santiago - 3 ª Etapa: O'Cebreiro - Tricastela

 

Sobre las ocho de la mañana, salíamos en procesión los tres autobuses camino de O´Cebreiro, en ellos los 135 peregrinos que componíamos esta tercera aventura por el Camino de Santiago.

A las 10, 15h, comenzábamos a caminar, tras sellar la credencial, estirar algo los músculos, tomar el café y abrigarnos porque el frío y la helada caída se hacían sentir.

Un grupo tiró por la montaña, entrenando los gemelos para lo que se nos avecinaba y otro, la mayoría, fuimos por la carretera. Eso sí, todos ataviados con la bufanda y el gorro y ¡eso que habían dado buen tiempo!. Se ve que, con aquel rinconcito de Galicia, no contaban.

En el alto San Roque, a 1270 m de altitud, el peregrino medieval inmortalizado por el escultor José María Acuña, luchando contra el viento, nos animó en el esfuerzo y seguimos así, avanzando por las sinuosas sendas del Camino, contemplando valles, montes, el verde de las praderas y los tímidos rayos de sol que se veían a lo lejos y que avivaban nuestra esperanza.

Linares y Hospital fueron las primeras aldeas gallegas por las cuales anduvimos. Y para llegar al Alto del Poio, a 1335 m, no olvidaremos nunca aquella buena subida de apenas 200 metros, pero que nos dejó un poco exhaustos. Arriba pudimos descansar un poco y tomar fuerzas para emprender la bajada, tras dejar Fonfría.

¡ Qué decir de los caminos! Llenos de barro, piedras más grandes y pequeñas, pero desde todos una vista hermosa, llena de acebos, árboles legendarios y rincones de singular belleza. Mereció la pena. Aunque los pies iban doloridos, los gemelos comenzaban a resentirse y la nieve y el granizo parecía que quería ser nuestros compañeros de camino.  No faltaron las risas, los ánimos de unos a otros y la ilusión por abrazar la meta.

Los últimos llegaron a Tricastela a eso de las 15, 40h. Una buena tormenta nos daba la bienvenida y pudimos valorar el tener un pequeño tejado, un sencillo rincón para poder comer el bocata y reponer algo de las fuerzas perdidas por la caminata. En el fondo somos peregrinos, y del peregrino dicen que valora cualquier cosa encontrada en el Camino.

A las 17, 00h llegamos con los autobuses a Samos. El magnifico monasterio benedictino que copaba medio pueblo, nos abrió las puertas para celebrar la eucaristía. Todos echamos de menos los radiadores en el banco de Villafranca y es que hacía un frío helador. El celebrante fue lo más rápido que pudo y desde el icono del hijo pródigo, se nos alentó también a emprender ese camino personal de vuelta para abrazar la misericordia de Dios.

Sobre las seis de la tarde comenzábamos el retorno, a desandar lo andado, y en más de una curva, viendo el manto blanco que cubría todo y la espesura de la niebla, reconocimos nuestras huellas de la mañana y dimos gracias por el buen tiempo tenido, a pesar de todo.

A las ocho y media, llegábamos a casa. Contentos, felices aunque cansados. Atrás quedaron los inconvenientes, los errores subsanados y la ilusión de haber cubierto, con varios sellos más, nuestra credencial. ¡ Bo Camiño, peregrinos!

Camino de Santiago - 2 ª Etapa: Columbrianos - Villafranca del Bierzo

 

 

Por fin llegó el 21 de noviembre, el día esperado por muchos para  retomar nuestra aventura por el Camino de Santiago.

A las 8 :15 de la mañana arrancábamos los casi 140 peregrinos, en tres autobuses. Cerca de las diez, llegamos a Columbrianos, nuestro lugar de salida. Tomamos el café para calentar motores y  sellamos la credencial para inaugurar nuestra segunda etapa.

El tiempo se presentó ideal para ponernos en camino, una temperatura ideal y sin lluvia. El gozo no nos duró mucho, porque a mitad de la etapa, la lluvia  fue nuestra compañera de camino hasta el final. Pero ataviados de chubasqueros, del gorro oficial de la etapa, del buen humor y del mucho ánimo, alcanzamos Villafranca del Bierzo a las tres de la tarde.

La etapa fue sencilla aunque no faltaron las cuestas que nos tocaban un poco la moral y aceleraban el cansancio. Al principio fue casi todo cemento, pero la vista pudo recrearse desde Pieros hasta Villafranca al transcurrir el camino, (eso sí, embarrado), por viñedos y montes. Aquí los colores ocres del otoño, las uvas en las vides y la belleza del entorno, nos alentaron para alcanzar la meta.

La puerta del perdón, en Villafranca, nos dio el gozo de la llegaba y mucho más, el salón del Hogar del Pensionista ( con calor, sillas y mesas) que hizo de nuestra comida , el descanso reparador que merece todo peregrino.

Algunos echaron de menos el baile, pues sitio e instrumentos había para ello; otros con la baraja (para eso estábamos en el Hogar del Pensionista) junto al café y chupito improvisaron un campeonato de baraja; los más decididos recorrieron Villafranca gozando del arte y del encanto del lugar y los niños, incombustibles, siguieron jugando sin parar en el parque.

A las 17, 30h, la Colegiata nos brindó un marco único para celebrar la eucaristía. Tras ella, la foto oficial y la vuelta a casa. Pasadas las ocho de la tarde, llegamos al colegio. Cansados, pero contentos. Una vez más, mereció la pena.

Retomaremos el Camino más adelante, pasados los empachos del turrón navideño y la emoción de abrir los regalos del día de Reyes. Y esperando, eso sí, un poquito de mejor tiempo. ¡Aunque esto no corre de nuestra mano!

Camino de Santiago - 1ª Etapa: Foncebadón - Molinaseca

 

Llegó el día 24 de octubre y comenzamos nuestra andadura por el Camino de Santiago, los noventa peregrinos de la comunidad educativa del colegio. En dos  autobuses nos desplazamos hasta Foncebadón y, tras el café y el sello de la credencial, comenzamos a caminar. Teníamos por delante 21 kilómetros, un tiempo estupendo para caminar y unas vistas únicas.

Nuestra andadura fue muy  buena, casi todos llegamos a la meta. Unos con más garbo que otros pero, todos, con voluntad e ilusión por alcanzar Molinaseca que, desde el monte, se veía cercano pero que parecía que no llegaba nunca.

Por el Camino fuimos sellando las credenciales, compartiendo nuestro caminar con personas que no conocíamos pero que sentimos compañeros de la aventura, disfrutamos de la belleza singular del paisaje y de los pueblos que atravesamos…

A las 15:00h, comenzamos a comer en el Santuario de las Angustias de Molinaseca. Tras reponer fuerzas con el café y el paseo por el pueblo, celebramos la eucaristía, nos hicimos la foto de rigor y, ya en autobús, nos desplazamos a Ponferrada.

A las 20:30 h, llegábamos a León contentos por el día, felices y satisfechos por lo vivido y esperando la siguiente etapa. No contábamos con las agujetas del día siguiente, con el cansancio y demás….pero esperamos que eso no sea impedimento para seguir sintiéndonos peregrinos.

El día 21 de noviembre tenemos de nuevo la cita. ¡Caminante sí que hay camino! Os esperamos.

Estampas del Camino

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Colegio San Juan de la Cruz – Carmelitas Descalzos
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